“Los escritores nos parecemos a los sacerdotes en que somos vendedores de esperanzas”, afirmó el periodista y narrador Juan Villoro al dictar una conferencia magistral en el marco de la Feria Universitaria del Libro organizada por la UJAT.
Villoro evidentemente no es clérigo, pero la frase vino a cuento cuando comentó que la literatura puede surgir hasta de confusiones, pues en una ocasión subió a un avión y una señora fue a preguntarle sobre el perdón al pensar que era un sacerdote mientras él la veía como parte de una banda del crimen organizado.
El autor de “Los once de la tribu” y “La casa pierde”, sin embargo, sí manifestó su fe en la literatura y habló sobre su oficio: “No es fácil lidiar con las emociones, hay quienes no han podido con el peso del mundo y la sensibilidad que tenían, pero nada se puede hacer sin una dosis de pasión y escribir tiene que ver con esto”.
Ante decenas de jóvenes en el Centro Internacional de Vinculación y Enseñanza el propio Villoro recordó que formó parte del taller de literatura de Augusto Monterroso y fue éste quien llevó sus primeros textos a una editorial. Así comenzaron a publicarlo.
Precisó que, con todo, su incursión en el mundo editorial no fue fácil pues al principio le dieron un cachito de lotería y le dijeron que con eso tenía más probabilidades de ganar dinero que escribiendo libros.
Sobre sus inicios amplió que el gusto por la narración le llegó escuchando las crónicas deportivas del emblemático Ángel Fernández y que desde los 15 años comenzó a escribir libros sobre dos pistas: la ficción y el periodismo.
Periodista también pues fue director del suplemento La Jornada Semanal y ahora es columnista del diario Reforma, Juan Villoro subrayó que “la realidad ocurre sin pedirle permiso a nadie, es caótica, compleja, inverosímil porque a veces uno cree que eso que está ocurriendo no es cierto”.
Tras compartir anécdotas de sus pasos por los altos de Chiapas, a donde acudió para hacer crónicas sobre el alzamiento zapatista, añadió: “Las cosas están más cerca de lo que aparenten, ese es el trabajo del cronista, acercarle la realidad al lector”.
Agregó, por otro lado, que el secreto de un narrador de ficción es saber que lo que ocurre de una manera podría ocurrir de otra. Pero aclaró “No es que la literatura sea falsa, simplemente la literatura no tiene que ser verificable, aunque con el tiempo nos afecta como si fueran historias reales”.
Puntualizó que no dejar de leer es la mejor manera de confrontar lo que uno lleva dentro con lo que otros llevan dentro. “En un libro encontramos lo que somos, lo que somos lo vemos reflejado en el libro”, indicó.
Villoro confió que escribe a mano sus textos, después los pasa a la computadora y los imprime para hacerle correcciones, pero los borra del ordenador para volverlos a transcribir. En ese nuevo trayecto del papel a la pantalla, explicó, “se me ocurren muchos más cambios”.
Cuando un joven le pidió que se autodescribiera, este hombre que ha dicho que pertenece a una generación que se dejó crecer la barba por el Ché y George Harrison, pero la conserva por Chéjov, respondió: “Soy un escritor, alguien que se dedica a vivir del cuento, soy un contador de historias y más que acordarse de mí me gustaría que recordaran mis historias, uno como escritor solo es como el nombre cívico de todos sus personajes”.
Narrador de fondo
- Licenciado en sociología por la UAM.
- Trabajó en la radio y fue nombrado agregado cultural de la Embajada de México en Berlín.
- Ha escrito en numerosos periódicos y revistas entre otros temas, de fútbol.
- Ha sido profesor de diversas universidades de Estados Unidos y de España.
- También ha tenido incursiones en el mundo del cine como guionista.
- Ha cultivado varios géneros literarios como la novela, el cuento, los libros para niños y el teatro, si bien se caracteriza por combinar varios géneros en una obra. Es un narrador de la cultura popular, ingenioso y agudo con amena lectura. Ha obtenido varios premios, entre ellos el Herralde en el año 2004 por su novela El testigo.
/amc